El legado de Abd al-Qadir y la espiritualidad sufí inspiran su compromiso con el diálogo entre culturas, la dignidad humana y la transmisión de valores a las nuevas generaciones.
Por Federico Dalmaud | Les Valeurs du Monde Unis
Hay una responsabilidad particular en recibir una historia familiar que trasciende la propia vida. Implica preguntarse qué conservar de ella, cómo honrarla y qué sentido darle en el presente. Para el emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, esa responsabilidad está estrechamente ligada a su vocación de concordia y al propósito de acercar a personas de distintas culturas y creencias.

Intervención durante la Cumbre Mundial de los Valores Universales 2025, celebrada en el Real Casino de Madrid, en una jornada dedicada al diálogo, la concordia y la proyección de los valores universales.
Presidente de Les Valeurs du Monde Unis e impulsor de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, el emir ha situado el encuentro entre pueblos en el centro de su actividad pública. Su proyecto reúne la sensibilidad espiritual, el interés por la educación y una concepción del servicio en la que el respeto a la persona ocupa un lugar esencial.
Tender puentes requiere tiempo y voluntad. Supone escuchar una historia distinta de la propia, comprender sus motivos y aceptar que la confianza se construye poco a poco. En esa disposición encuentra sentido la diplomacia de los valores que inspira su labor. Su propósito es favorecer relaciones en las que las diferencias puedan abordarse con respeto y dar lugar a iniciativas compartidas.
La dimensión humana de ese empeño merece atención. Detrás de cada interlocutor hay una experiencia, una memoria y una manera de entender el mundo. Acercarse a ellas exige curiosidad, tacto y paciencia. En la visión de Benarba, el diálogo comienza precisamente en ese reconocimiento y se sostiene mediante el cuidado de la relación.
Su vínculo familiar con el emir Abd al-Qadir, recogido en su biografía institucional y en perfiles publicados sobre su trayectoria, constituye una referencia central de su identidad. La figura del líder y místico argelino representa para él una herencia de pensamiento y conducta cuya vigencia busca preservar mediante la educación, el diálogo y el compromiso humanista.
Uno de los episodios más significativos de esa herencia tuvo lugar en Damasco en 1860, cuando Abd al-Qadir intervino para proteger a cristianos perseguidos. Aquella decisión dio una expresión concreta a la defensa de la vida más allá de la pertenencia religiosa. Su ejemplo conserva una fuerza humana que permite comprender por qué su memoria sigue vinculada al coraje, la compasión y la responsabilidad hacia el prójimo.

Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani junto a S.E. Abdelfetah Daghmoum, Embajador de la República Argelina Democrática y Popular ante el Reino de España, durante un encuentro en Madrid
Para Benarba, mantener vigente ese legado implica encontrar formas de transmitirlo a quienes viven en circunstancias muy diferentes. La educación y el encuentro entre culturas ofrecen caminos para hacerlo. A través de ellos, la memoria familiar se convierte en una tarea presente y en una invitación a asumir responsabilidades hacia los demás.
La espiritualidad sufí acompaña esa misión. En la interpretación que orienta su pensamiento, el crecimiento interior influye en la manera de relacionarse con el mundo. Cultivar la serenidad, moderar el orgullo y reconocer los propios límites ayuda a escuchar mejor y a intervenir con prudencia. Son exigencias personales que adquieren especial importancia cuando se aspira a favorecer el entendimiento.
Esta sensibilidad inspira también su compromiso con el diálogo entre el islam y el cristianismo. Benarba concede valor al lugar que la fe ocupa en la vida de las personas y a su capacidad para alentar el cuidado, la generosidad y el servicio. Su búsqueda de acercamiento se apoya en esas responsabilidades compartidas y en el respeto a la identidad de cada tradición.
Comprender la fe del otro requiere delicadeza. Significa acercarse a aquello que sostiene sus esperanzas, orienta sus decisiones y da sentido a su existencia. El diálogo interreligioso encuentra profundidad cuando permite ese conocimiento y abre una relación en la que cada interlocutor se siente respetado.
Su actividad ha incluido la participación en espacios dedicados a estas cuestiones. En marzo de 2019, Les Jeunes du Monde Unis documentó su intervención como ponente en el Europe-Muslim World Democracy Forum, celebrado en el Parlamento Europeo. El panel abordó la integración social mediante la educación y la inversión en capital humano, junto con las oportunidades del emprendimiento juvenil y femenino. Estos asuntos sitúan el entendimiento entre sociedades en un terreno concreto, ligado a las posibilidades de sus nuevas generaciones.

Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, junto al periodista Roberto Gómez y Miguel Ángel Medranda, alcalde de Valdeolmos-Alalpardo, durante un encuentro celebrado en el marco del Torneo de Fútbol Cadete Vicente del Bosque.
La juventud ocupa un lugar fundamental en su proyecto. Transmitir valores supone ofrecer referencias y favorecer que cada persona encuentre su propia manera de contribuir. También exige escuchar a quienes comienzan, comprender sus inquietudes y reconocer el mundo que les corresponde afrontar.
Desde la sociedad civil, Benarba promueve una labor de acercamiento en la que la cultura y la educación actúan como puntos de encuentro. La Cumbre Mundial de los Valores Universales expresa esa voluntad de convocatoria al reunir trayectorias de distintos ámbitos alrededor de la dignidad humana y el servicio a la sociedad.
Reconocer una trayectoria permite detenerse en las decisiones y los años de dedicación que la han hecho posible. Para las nuevas generaciones, esos ejemplos pueden convertirse en una referencia cercana sobre lo que significa asumir una responsabilidad y perseverar en ella. En ese sentido, la celebración pública de los valores lleva consigo una tarea de transmisión.
En el fondo de este compromiso permanece una concepción de la nobleza vinculada a la conducta. Recibir una herencia entraña el deber de cuidarla y de preguntarse qué puede aportar a los demás. Su significado se renueva en el respeto con que se trata a las personas y en la dedicación que se concede a una causa.
Para el emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, honrar el legado de Abd al-Qadir significa procurar que sus valores encuentren continuidad en el presente. La concordia se convierte así en una responsabilidad personal que se ejerce a través de la educación, la escucha y el diálogo. Su horizonte es que quienes hoy se encuentran puedan comprenderse mejor y dejar a la siguiente generación una relación más cercana.

Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani durante la firma de un documento institucional, en una ceremonia marcada por el compromiso, la concordia y la cooperación.
Esta manera de entender la vida encuentra una expresión personal en las palabras del emir, que reúnen el respeto por quienes nos precedieron, la honestidad en el trato con los demás y la aspiración de vivir con la conciencia en paz.
«El valor consiste en nacer con una inocencia pura para respetar a los mayores, crecer con honestidad para aportar serenidad a los demás y morir con una conciencia digna para descansar en paz». Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani
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