Fundada en Francia en 1922 y convertida en una referencia internacional para pasteleros, chocolateros y profesionales de la alta gastronomía, Valrhona recibirá el Premio al Valor de la Excelencia Gastronómica y la Gastronomía Responsable durante la Cumbre Mundial de los Valores Universales. La distinción reconoce una trayectoria centenaria en la que la búsqueda del mejor chocolate ha ido incorporando una pregunta cada vez más importante: qué responsabilidades existen detrás de aquello que llega a nuestra mesa.

Por Federico Dalmaud | Les Valeurs du Monde Unis

Madrid, septiembre de 2026. — Un chocolate puede empezar mucho antes de que un chef lo transforme en un postre. Empieza en una plantación, en una variedad de cacao, en las condiciones en las que se cultiva, en el conocimiento de quien lo produce y en una cadena de decisiones que finalmente determina aquello que llegará a las manos del artesano.

Valrhona lleva más de un siglo trabajando dentro de esa cadena. La Maison francesa nació en 1922 y construyó buena parte de su reputación acompañando a chocolateros, pasteleros y chefs en la búsqueda de nuevas posibilidades para el cacao. Con el tiempo, esa relación con la gastronomía profesional fue ampliando también las preguntas que la compañía se hacía sobre su materia prima, sus productores y el impacto ambiental y social de su actividad.

Ese recorrido será reconocido el próximo 25 de septiembre en Madrid. Les Valeurs du Monde Unis concederá a Valrhona el Award for the Value of Gastronomic Excellence and Responsible Gastronomy – Premio al Valor de la Excelencia Gastronómica y la Gastronomía Responsable, en el marco de la Cumbre Mundial de los Valores Universales.

Será uno de los reconocimientos singulares de esta edición porque no distingue a una personalidad individual. Distingue una cultura empresarial desarrollada durante generaciones y plantea, desde la gastronomía, una cuestión central para la Cumbre: qué significa buscar la excelencia cuando el resultado final depende también de la relación que mantenemos con quienes hacen posible producirlo.

Una Maison nacida en 1922

La historia de Valrhona comenzó hace más de cien años en Tain-l’Hermitage, en el valle del Ródano francés. Desde allí fue desarrollando un conocimiento especializado del cacao y del chocolate destinado especialmente a los profesionales de la gastronomía.

Su evolución estuvo estrechamente relacionada con chefs, pasteleros y chocolateros. Esa proximidad contribuyó a convertir el chocolate en un terreno de investigación gastronómica: estudiar orígenes y variedades, comprender fermentaciones, trabajar perfiles aromáticos y desarrollar productos capaces de ofrecer a los profesionales mayor precisión y posibilidades creativas. La propia compañía se define actualmente como compañera de los “artesanos del sabor” desde 1922.

Pero una historia de cien años tampoco permanece inmóvil. Las preguntas que rodean hoy a un producto como el chocolate son diferentes de las que existían cuando Valrhona comenzó su actividad. Sabemos más sobre el origen de los alimentos, sobre las condiciones de quienes los producen y sobre el impacto que determinados cultivos pueden tener en los ecosistemas. Para una empresa que trabaja con cacao procedente de diferentes regiones del mundo, esas cuestiones forman parte ya de la propia definición de calidad.

Saber de dónde procede el cacao

Uno de los datos que mejor explica esa evolución es la trazabilidad. Valrhona afirma que desde 2018 el 100 % de los granos de cacao que utiliza son trazables hasta el productor. La compañía mantiene contratos de colaboración de largo plazo con cooperativas y plantaciones —con una duración media superior a ocho años— y desarrolla relaciones directas con organizaciones productoras en distintos países.

Esto significa que detrás de una cobertura utilizada en una pastelería de París, Madrid o Tokio existe la posibilidad de reconstruir el camino hasta quienes cultivaron el cacao.

La cuestión no es menor. El chocolate es el resultado final de una cadena internacional que comienza en territorios productores situados muy lejos de buena parte de sus consumidores. En esa distancia pueden quedar ocultas las condiciones económicas, sociales y ambientales en las que se obtiene la materia prima.

Valrhona ha desarrollado políticas específicas en ámbitos como el precio pagado a productores, la lucha contra el trabajo infantil, la deforestación, la agroecología y la trazabilidad. También realiza auditorías periódicas a sus proveedores y trabaja en el mapeo de las parcelas de las que procede su cacao.

Son precisamente este tipo de decisiones las que permiten comprender el segundo concepto incluido en el nombre del premio que recibirá en Madrid: gastronomía responsable.

Cuando la excelencia empieza antes de llegar a la cocina

Durante mucho tiempo, la excelencia gastronómica se juzgó principalmente en el plato. Importaban el sabor, la técnica, la presentación, la creatividad y la capacidad del cocinero para transformar los ingredientes. Todo ello continúa importando. Pero la gastronomía contemporánea ha añadido otras preguntas.

De dónde procede un ingrediente, cómo ha sido producido, cuál es su impacto ambiental, qué relación económica existe con quien lo cultiva y cuánto se aprovecha de una materia prima son cuestiones que progresivamente han entrado en las cocinas profesionales.

Valrhona formula actualmente su propia misión alrededor de cuatro ámbitos: cacao, medioambiente, personas e innovación y gastronomía. La compañía sostiene que la creatividad gastronómica debe avanzar junto con una práctica más ética y reconoce expresamente el impacto que la alimentación tiene sobre la biodiversidad, el clima y la salud.

Ese planteamiento resulta particularmente interesante porque modifica el significado de la palabra excelencia. Un producto excepcional ya no puede ser analizado únicamente por aquello que percibimos cuando lo probamos. También puede ser interrogado por la historia que existe antes de llegar hasta nosotros.

Del productor al chef

Entre esos dos extremos -la plantación y la cocina- se encuentra buena parte del trabajo que Valrhona ha desarrollado durante su historia.

La compañía cuenta con equipos dedicados específicamente al aprovisionamiento de cacao y trabaja directamente con productores para estudiar variedades, cultivos, fermentación y secado. Paralelamente, mantiene una relación muy estrecha con el universo profesional de la pastelería y el chocolate.

L’École Valrhona representa otra dimensión de ese modelo. A través de sus centros y profesionales, la compañía trabaja en formación, investigación y transmisión de conocimiento gastronómico. Según sus propios datos, alrededor de 15.000 profesionales reciben cada año asesoramiento o formación de L’École Valrhona en el mundo.

La transmisión del conocimiento tiene aquí una importancia particular. Una tradición gastronómica se conserva cuando sus técnicas pueden aprenderse, pero evoluciona cuando una nueva generación encuentra herramientas para cuestionarlas, perfeccionarlas y crear algo distinto con ellas.

Por eso una Maison centenaria puede seguir teniendo sentido en una industria contemporánea. Su patrimonio no depende solamente de conservar aquello que hacía hace cien años, sino de mantener una conversación entre experiencia e innovación.

Una empresa sometida también a evaluación

En enero de 2020 Valrhona obtuvo por primera vez la certificación B Corporation y volvió a conseguirla en 2023. Este sistema privado de certificación evalúa aspectos relacionados con el desempeño social y medioambiental, la responsabilidad y la transparencia de las empresas participantes.

La certificación no convierte por sí misma a ninguna empresa en irreprochable ni elimina los desafíos asociados a una cadena tan compleja como la del cacao. Sí introduce, sin embargo, mecanismos externos de evaluación y obliga a observar el desempeño empresarial utilizando criterios que van más allá de la rentabilidad económica.

Esa precisión es importante porque hablar de gastronomía responsable no debería significar construir una imagen idealizada de ninguna compañía. Significa poder identificar políticas concretas, compromisos medibles y mecanismos que permitan comprobar hasta qué punto esos compromisos se cumplen.

En el caso del cacao, los desafíos siguen siendo enormes. La deforestación, las emisiones asociadas al cultivo, los ingresos de los productores y el riesgo de trabajo infantil continúan siendo cuestiones centrales para todo el sector. La propia Valrhona los reconoce entre los ámbitos en los que debe continuar trabajando durante los próximos años.

La gastronomía entra en la conversación sobre los valores

La presencia de Valrhona entre los reconocimientos de la Cumbre Mundial de los Valores Universales amplía también el territorio en el que Les Valeurs du Monde Unis propone buscar los valores.

Durante los encuentros de Madrid convivirán experiencias procedentes de la diplomacia, las instituciones, el deporte, la cultura, la comunicación, el servicio público y la gastronomía. A primera vista pueden parecer ámbitos alejados entre sí. Sin embargo, todos contienen decisiones que afectan a otras personas.

En una empresa alimentaria esa responsabilidad recorre prácticamente toda su cadena de valor. Está en la relación con los productores, en las condiciones de aprovisionamiento, en las decisiones medioambientales, en aquello que se enseña a los profesionales y finalmente en el producto que llega al consumidor.

El Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, impulsor de Les Valeurs du Monde Unis y de la Cumbre, ha planteado los encuentros de Madrid alrededor de una concepción de los valores vinculada a la conducta y a la responsabilidad. Desde esa perspectiva, incorporar la gastronomía tiene sentido precisamente porque comer parece un acto cotidiano, pero detrás de cada alimento existe una extensa red de relaciones humanas.

Concordia entre quienes nunca llegan a conocerse

El Día Internacional de la Concordia Humanista, que Les Valeurs du Monde Unis impulsa alrededor del 25 de septiembre, encuentra aquí una lectura diferente de la que puede aparecer en la diplomacia o en el deporte.

Un productor de cacao y el cliente que finalmente consume un chocolate probablemente nunca se conozcan. Pueden vivir a miles de kilómetros, hablar idiomas diferentes y encontrarse en posiciones económicas muy distintas. Sin embargo, sus vidas quedan conectadas por el mismo producto. La responsabilidad dentro de una cadena global comienza precisamente al reconocer esa relación.

Esta idea permite acercar la gastronomía al pensamiento que inspira la Concordia Humanista y al legado del Emir Abd al-Qadir al-Jaza’iri, referencia histórica de la iniciativa promovida por el Emir Lahouari. La experiencia histórica de Abd al-Qadir pertenece a circunstancias completamente distintas y no corresponde establecer equivalencias artificiales. Lo que permanece vigente es una determinada comprensión de la responsabilidad: nuestras obligaciones hacia los demás no terminan necesariamente en aquellos que pertenecen a nuestro círculo inmediato.

En una economía global, esa pregunta adquiere nuevas formas. Puede aparecer en un contrato, en el precio de una materia prima, en una parcela de cacao o en la decisión de conocer el origen de aquello que compramos.

Un reconocimiento que comienza en el chocolate y termina mucho más lejos

Cuando Valrhona reciba en Madrid el Premio al Valor de la Excelencia Gastronómica y la Gastronomía Responsable, el reconocimiento tendrá inevitablemente al chocolate en su centro. Es el producto alrededor del cual la Maison francesa ha construido más de cien años de historia y la razón por la que su nombre forma parte del vocabulario profesional de numerosos pasteleros y chocolateros.

Pero el premio quiere detenerse también en todo lo que existe antes de ese producto terminado. En los agricultores que cultivan el cacao. En las relaciones mantenidas durante años con cooperativas y plantaciones. En el conocimiento acumulado sobre variedades y territorios. En los profesionales que transforman esa materia prima. En la formación de nuevas generaciones. Y en una industria que necesita continuar preguntándose cómo producir mejor reduciendo los costes humanos y ambientales que no aparecen en una etiqueta.

Valrhona nació en 1922. Más de un siglo después, el reconocimiento que recibirá en la Cumbre Mundial de los Valores Universales no mira únicamente hacia esa historia. Mira también hacia la responsabilidad que supone continuarla.

Porque en gastronomía la excelencia puede apreciarse en un sabor, una textura o una creación extraordinaria. La responsabilidad, en cambio, obliga a recorrer el camino en sentido contrario y preguntarse qué tuvo que suceder para que ese chocolate llegara hasta nuestras manos.

Valrhona — sitio oficial