El 69.º yokozuna de la historia y ganador de un récord de 45 campeonatos en la máxima división recibirá el Premio al Valor de la Excelencia Deportiva y el Legado Cultural durante la Cumbre Mundial de los Valores Universales. Su trayectoria, iniciada siendo adolescente tras llegar a Japón desde Mongolia, trasciende los récords deportivos y representa también una historia de disciplina, respeto por la tradición y encuentro entre culturas.
Por Federico Dalmaud | Les Valeurs du Monde Unis
Madrid, septiembre de 2026. — Cuando Hakuhō Shō llegó a Japón desde Mongolia era todavía un adolescente. Años después, su nombre ocuparía un lugar propio en la historia del sumo: se convertiría en el 69.º yokozuna(el máximo rango del sumo profesional japonés) y acabaría estableciendo algunos de los registros más importantes que ha conocido este deporte. Entre aquel joven que comenzaba su recorrido en Japón y la figura que se retiró dos décadas después con 45 campeonatos en la máxima división hay una historia de disciplina y excelencia, pero también de encuentro entre dos culturas.
Esa dimensión resulta especialmente relevante para comprender el reconocimiento que recibirá en Madrid. Hakuhō nació en Mongolia, se formó como luchador profesional en Japón y llegó a ocupar el rango más elevado de una disciplina estrechamente vinculada con la historia, las costumbres y el ceremonial japonés. Su trayectoria permite observar cómo alguien llegado desde otra cultura puede aprender una tradición, integrarse en ella y terminar formando parte de su historia.
El próximo 25 de septiembre, Les Valeurs du Monde Unis le entregará el Award for the Value of Sporting Excellence and Cultural Legacy – Premio al Valor de la Excelencia Deportiva y el Legado Cultural, en el marco de la Cumbre Mundial de los Valores Universales que se celebrará en Madrid.
De Ulán Bator al rango de yokozuna
Hakuhō nació en Ulán Bator en 1985 y debutó en el sumo profesional japonés en marzo de 2001. Su progresión fue rápida: alcanzó la división jūryō en 2004, llegó poco después a makuuchi, la máxima división, fue promovido a ōzeki en 2006 y en 2007 alcanzó el rango de yokozuna. Tenía 22 años. La Asociación Japonesa de Sumo lo registra como el 69.º luchador en alcanzar esa categoría.
Llegar a yokozuna tiene en el sumo un significado particular. Es el rango máximo y está asociado tanto al rendimiento deportivo como a una posición de representación dentro de una disciplina que conserva una importante dimensión ceremonial. Quien lo alcanza pasa a ocupar un lugar especialmente visible en una tradición que se ha transmitido durante generaciones.
Hakuhō permaneció en esa posición hasta su retirada en 2021. Durante su carrera ganó 45 campeonatos de la máxima división, sumó 1.187 victorias profesionales y consiguió 1.093 triunfos en makuuchi, cifras recogidas por la Asociación Japonesa de Sumo y que explican la dimensión deportiva de su trayectoria.
Su carrera coincidió además con una etapa en la que el sumo japonés se había convertido en un espacio cada vez más relevante para luchadores nacidos fuera del país, particularmente procedentes de Mongolia. Hakuhō terminó siendo una de las figuras centrales de ese proceso y uno de los nombres más reconocibles de su generación.
Aprender una tradición ajena hasta formar parte de ella
La historia de Hakuhō resulta singular precisamente por el lugar desde el que comenzó. Llegó a Japón siendo muy joven y tuvo que desenvolverse dentro de un entorno con su propio idioma, jerarquías, formas de convivencia y códigos culturales. El sumo profesional exige además una integración que va mucho más allá de los entrenamientos y los torneos, ya que la vida dentro de las heya -las casas de entrenamiento- está organizada alrededor de reglas y costumbres específicas.
Su ascenso deportivo se produjo dentro de ese proceso de aprendizaje. A medida que avanzaba en las categorías, también aumentaba su responsabilidad dentro de una disciplina en la que determinados gestos, ceremonias y comportamientos forman parte de la función pública del luchador.
Cuando alcanzó el rango de yokozuna en 2007, aquel joven procedente de Mongolia pasó a ocupar una de las posiciones más representativas del sumo japonés. Ese recorrido permite entender por qué Les Valeurs du Monde Unis ha situado en el mismo reconocimiento la excelencia deportiva y el legado cultural.
La primera está ampliamente documentada en sus resultados. La segunda se encuentra en la relación que terminó estableciendo con una tradición que originalmente no era la suya y de la que, después de veinte años de carrera, ya formaba parte.
Una tradición que se expresa también fuera del combate
Para comprender la importancia cultural del yokozuna es necesario mirar más allá del resultado deportivo. El sumo conserva un ceremonial propio que acompaña la competición y que continúa siendo una de sus características más reconocibles. El dohyō, las entradas ceremoniales, la vestimenta y los diferentes rituales mantienen una relación directa con la historia de la disciplina.
El yokozuna ocupa una posición central dentro de ese ceremonial. Su presencia representa el máximo rango deportivo, pero también una continuidad visible entre generaciones de luchadores.
Hakuhō asumió esa responsabilidad durante catorce años. A lo largo de ese periodo, su figura quedó vinculada a una época concreta del sumo y a la creciente presencia de luchadores mongoles en las principales categorías japonesas.
Es precisamente esta combinación la que quiere reconocer la Cumbre Mundial de los Valores Universales: un deportista nacido en Mongolia que alcanzó el máximo nivel competitivo y que durante años representó públicamente una de las tradiciones deportivas más antiguas y características de Japón.
El deporte dentro de la Cumbre Mundial de los Valores Universales
Hakuhō Shō será uno de los protagonistas de los encuentros que Les Valeurs du Monde Unis celebrará los días 24 y 25 de septiembre en Madrid. La primera jornada tendrá lugar en el Comité Olímpico Español, donde representantes procedentes de diferentes ámbitos abordarán la relación entre deporte, salud, liderazgo, responsabilidad y humanismo.
La elección del Comité Olímpico Español como escenario de esa primera jornada sitúa al deporte en un lugar relevante dentro de la Cumbre. A lo largo de los encuentros de Madrid convivirán trayectorias procedentes de la diplomacia, las instituciones, la cultura, la comunicación y el servicio público con otras vinculadas directamente al mundo deportivo.
El Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, impulsor de Les Valeurs du Monde Unis y de estos encuentros, ha planteado la Cumbre como un espacio en el que distintas experiencias puedan encontrarse alrededor de valores compartidos. En ese contexto, el recorrido de Hakuhō permite incorporar una cuestión que excede el resultado deportivo: qué sucede cuando una disciplina se convierte también en un espacio de relación entre culturas.
En su caso, esa relación tiene nombres y lugares concretos. Mongolia es el país en el que nació y Japón es el país en el que desarrolló su carrera. El sumo fue el territorio en el que ambas partes de su historia terminaron encontrándose.
Japón y Mongolia en una misma trayectoria
La procedencia de Hakuhō nunca fue un dato secundario de su carrera. Formó parte de su identidad pública y también de una generación de luchadores mongoles que alcanzó una presencia destacada en el sumo profesional japonés.
Su historia permite abordar la convivencia cultural sin convertirla en una idea abstracta. Hakuhō llegó a un país diferente, aprendió sus códigos deportivos y culturales y desarrolló allí toda su carrera profesional. Al mismo tiempo, su origen mongol continuó formando parte de su identidad.
Esta experiencia conecta con la reflexión sobre la Concordia Humanista que Les Valeurs du Monde Unis llevará a Madrid. La concordia que inspira los encuentros del 24 y 25 de septiembre parte del reconocimiento de que la convivencia no requiere borrar las diferencias entre personas o culturas. Requiere encontrar espacios comunes en los que esas diferencias puedan relacionarse desde el respeto.
El deporte proporciona uno de esos espacios. Sus reglas permiten que personas procedentes de lugares diferentes se encuentren dentro de un mismo marco, compitan y compartan una disciplina sin necesidad de tener la misma historia o la misma identidad.
En el caso de Hakuhō, ese encuentro terminó formando parte de la propia historia del sumo.
De Abd al-Qadir a la Concordia Humanista
La Cumbre Mundial de los Valores Universales y el Día Internacional de la Concordia Humanista, que Les Valeurs du Monde Unis impulsa alrededor del 25 de septiembre, toman como una de sus referencias históricas el legado del Emir Abd al-Qadir al-Jaza’iri.
Su figura está especialmente vinculada a los acontecimientos de Damasco de 1860, cuando intervino para proteger a cristianos durante la violencia intercomunitaria que afectó a la ciudad. Su actuación fue reconocida internacionalmente y quedó asociada a una concepción de la responsabilidad que podía extenderse más allá de la propia comunidad religiosa o cultural.
La historia de Abd al-Qadir pertenece a otro tiempo y a unas circunstancias completamente diferentes de las de Hakuhō. La relación que plantea Les Valeurs du Monde Unis no pretende equiparar ambas experiencias, sino recuperar una cuestión que continúa siendo pertinente: la posibilidad de reconocer y respetar al otro aun cuando procede de otra cultura, otra tradición o una experiencia diferente de la propia.
El Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani ha situado esa lectura del legado de Abd al-Qadir en el centro de su propuesta de Concordia Humanista. En Madrid, la Cumbre trasladará esa reflexión a ámbitos contemporáneos muy diferentes, entre ellos el deporte.
La trayectoria de Hakuhō permite hacerlo desde una experiencia concreta y fácilmente reconocible. Durante veinte años, un deportista nacido en Mongolia desarrolló su vida profesional dentro de una tradición japonesa hasta alcanzar su máxima categoría y convertirse en uno de sus nombres históricos.
Un reconocimiento a la excelencia y a lo que permanece después de ella
Hakuhō anunció su retirada en septiembre de 2021 después de dos décadas en el sumo profesional. Para entonces había acumulado 45 campeonatos en la máxima división y más de un millar de victorias, además de haber ocupado durante catorce años el rango de yokozuna.
Esos resultados explican por qué la excelencia deportiva forma parte del nombre del premio que recibirá en Madrid. El concepto de legado cultural requiere observar también todo lo que acompañó a esos resultados: su incorporación a una tradición distinta de la de su país de nacimiento, los años durante los que representó el rango máximo del sumo y la huella de una generación en la que Mongolia adquirió una presencia especialmente significativa dentro de este deporte japonés.
Por eso, cuando Les Valeurs du Monde Unis entregue a Hakuhō Shō el Premio al Valor de la Excelencia Deportiva y el Legado Cultural, el reconocimiento abarcará una trayectoria difícil de separar en dos partes. Su extraordinario palmarés se construyó dentro de una tradición que tuvo que aprender desde muy joven y que acabó representando durante buena parte de su vida adulta.
Su presencia en la Cumbre Mundial de los Valores Universales permitirá llevar a Madrid una historia que comenzó en Ulán Bator, continuó en las casas de entrenamiento y los grandes torneos de Japón y terminó inscrita en los registros históricos del sumo. Es precisamente ese recorrido, entre dos países y dentro de una misma disciplina, el que da sentido al premio que recibirá el próximo 25 de septiembre.
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