El club toledano recibirá el Premio al Valor del Deporte Inclusivo y la Transformación Social durante la Cumbre Mundial de los Valores Universales. Con una trayectoria que ha incorporado al rugby a personas con discapacidad intelectual y física y que ha llevado la inclusión desde los entrenamientos hasta la competición, Les Valeurs du Monde Unis reconocerá un proyecto colectivo que ha hecho del deporte un espacio de pertenencia, autonomía y convivencia.

Por Federico Dalmaud | Les Valeurs du Monde Unis

Madrid, septiembre de 2026. — En Yuncos, una localidad de la comarca toledana de La Sagra, hay jugadores que llegan al entrenamiento en silla de ruedas y otros que participan en un mismo equipo teniendo o no discapacidad intelectual. Entrenan, aprenden las reglas, compiten, viajan y forman parte de un club. No constituyen una actividad paralela concebida al margen del deporte. Son deportistas del Quijote Rugby Club.

Ahí se encuentra buena parte del sentido del reconocimiento que el club recibirá el próximo 25 de septiembre en Madrid. Les Valeurs du Monde Unis le concederá el Award for the Value of Inclusive Sport and Social Transformation – Premio al Valor del Deporte Inclusivo y la Transformación Social, dentro de la Cumbre Mundial de los Valores Universales. El galardón será recogido en representación de la entidad por Javier Humanes González, estrechamente vinculado durante años al desarrollo institucional y social del proyecto.

La distinción no responde a un resultado concreto ni a una única temporada. Reconoce una forma de entender para qué puede servir un club deportivo cuando decide que formar equipos implica también construir comunidad.

Un club que empezó en La Sagra

Quijote Rugby Club nació en 2007 en Toledo y fue creciendo alrededor de una estructura deportiva que actualmente reúne a más de 200 jugadores y diferentes categorías. Desde las edades infantiles hasta los equipos sénior, femenino y veterano, el proyecto fue ampliándose hasta incorporar también modalidades dirigidas a personas con discapacidad intelectual y física.

Con el tiempo, esa vertiente dejó de ser una actividad complementaria para convertirse en una de las señas de identidad de la entidad. El propio club define su modelo como un rugby abierto a personas con independencia de sus capacidades físicas o intelectuales y trabaja además con colegios, asociaciones de discapacidad y entidades sociales de su entorno.

La Federación Española de Rugby se hizo eco en 2021 del trabajo desarrollado por Quijote y destacó particularmente a Los Hidalgos, su sección vinculada a jugadores con discapacidad intelectual. En aquel momento reunía a más de cien deportistas procedentes también de centros ocupacionales y entidades de Aranjuez, Illescas y Yepes. La Federación situó aquella experiencia dentro de los objetivos de su Plan Nacional de Rugby Inclusivo

Detrás de esos datos aparece una realidad menos cuantificable, pero fundamental para entender el proyecto. Para una persona que durante buena parte de su vida ha encontrado espacios definidos a partir de aquello que no puede hacer, entrar en un vestuario como jugador modifica el punto de partida. Allí hay entrenamientos, compañeros, horarios, responsabilidades y partidos. Hay algo que aportar al equipo y algo que el equipo espera de cada uno.

Los Hidalgos y una inclusión que también compite

El proyecto del Quijote tampoco ha planteado la inclusión como una práctica meramente simbólica. Sus equipos entrenan y participan en competiciones.

Los Hidalgos se convirtieron en una de las experiencias más reconocibles del club y el Quijote fue campeón de España de rugby inclusivo durante tres temporadas consecutivas, entre 2017 y 2019. En 2019, además, el equipo obtuvo la clasificación para participar en el Mundial de Rugby Inclusivo previsto en Cork, cuya celebración tuvo que ser aplazada como consecuencia de la pandemia.

Actualmente, el club desarrolla el Rugby Fusión, modalidad en la que jugadores con discapacidad intelectual comparten el terreno de juego con compañeros sin discapacidad. Las reglas pueden adaptarse a las necesidades de los participantes, pero la lógica sigue siendo reconociblemente deportiva: entrenar, cooperar, aprender y formar parte del equipo.

Del Rugby Fusión al rugby en silla de ruedas

El trabajo del Quijote se ha extendido también a la discapacidad física mediante el Rugby Quad o rugby en silla de ruedas, una modalidad paralímpica caracterizada por su intensidad y por un sistema de clasificación funcional que permite configurar equipos atendiendo a las capacidades de los jugadores. El club mantiene entrenamientos específicos en Illescas y participa activamente en el desarrollo de esta disciplina.

En junio de 2026, Quijote Rugby Club fue además la entidad organizadora del Campeonato de España por Comunidades Autónomas de rugby en silla de ruedas celebrado en Illescas, en colaboración con la Federación Española de Deportes de Personas con Discapacidad Física.

El resultado es una estructura en la que la inclusión adopta formas diferentes porque diferentes son también las personas que llegan al club. No existe una única manera de adaptar el deporte ni una única experiencia de discapacidad.

Lo que cambia cuando alguien pasa a formar parte de un equipo

La expresión “transformación social” puede resultar demasiado amplia si no se explica qué significa en la vida cotidiana. En un club como Quijote, esa transformación empieza en situaciones bastante concretas.

Una persona entrena cada semana, aprende una disciplina, asume compromisos con otros. Viaja para competir, celebra una victoria o procesa una derrota. Su familia entra en contacto con otras familias y los compañeros aprenden a jugar con capacidades diferentes y los entrenadores tienen que encontrar formas distintas de enseñar. El cambio no ocurre solamente en el deportista con discapacidad; modifica también el entorno que aprende a contar con él.

Por eso el valor social del deporte inclusivo depende de que la persona encuentre un lugar estable dentro de una comunidad y pueda desarrollar allí relaciones, autonomía, confianza y responsabilidad.

Quijote Rugby Club lleva años trabajando sobre esa idea desde una estructura deportiva real, con entrenamientos, categorías y competición. Su experiencia permite entender la inclusión de una manera menos paternalista: las personas con discapacidad no aparecen únicamente como destinatarias de ayuda, sino como jugadores y jugadoras capaces de formar parte de un proyecto colectivo.

El rugby llega a la Cumbre Mundial de los Valores Universales

La experiencia del Quijote tendrá un significado particular dentro de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, cuya primera jornada se celebrará el 24 de septiembre en la sede del Comité Olímpico Español.

El encuentro reunirá distintas experiencias alrededor del deporte, la salud, el liderazgo, las instituciones y el humanismo. Al día siguiente, Les Valeurs du Monde Unis reconocerá trayectorias y proyectos que trasladan esos conceptos a ámbitos concretos.

El Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, impulsor de la Cumbre, ha situado el reconocimiento de la dignidad humana y la responsabilidad hacia los demás entre los ejes de los encuentros de Madrid. En ese marco, premiar a un club y no solamente a una personalidad individual introduce una perspectiva especialmente pertinente.

Porque en este caso el reconocimiento pertenece necesariamente a muchas personas. Pertenece a los jugadores, pero también a entrenadores, voluntarios, familias, facilitadores y profesionales. Pertenece a quienes iniciaron el proyecto y a quienes lo mantienen. Pertenece a las personas con discapacidad que decidieron entrar en un campo de rugby y a los compañeros que aprendieron a jugar con ellas.

Javier Humanes recogerá el galardón en representación del club, pero el sujeto del reconocimiento seguirá siendo colectivo.

La concordia también necesita lugares donde practicarse

El Día Internacional de la Concordia Humanista, que Les Valeurs du Monde Unis impulsa alrededor del 25 de septiembre, propone una reflexión sobre cómo personas diferentes pueden reconocerse y compartir espacios comunes sin que esas diferencias tengan que desaparecer.

En el Quijote Rugby Club esa pregunta adquiere una forma muy concreta. Sobre el terreno de juego existen cuerpos con capacidades diferentes, pero existe también un reglamento compartido, una camiseta, un entrenamiento y un objetivo común.

La diferencia sigue ahí. Lo que cambia es la relación con ella.

Esta concepción permite vincular la experiencia del club con el legado del Emir Abd al-Qadir al-Jaza’iri, una de las referencias históricas de la Concordia Humanista promovida por el Emir Lahouari. Su actuación durante la violencia de Damasco de 1860, cuando protegió a cristianos amenazados a pesar de pertenecer a otra comunidad religiosa, dejó una referencia histórica sobre la posibilidad de reconocer en el otro una dignidad que no depende de que sea igual a nosotros.

Las circunstancias son completamente distintas y no corresponde equipararlas. Lo que puede trasladarse al presente es la pregunta que permanece detrás de ellas: qué hacemos con la diferencia cuando aparece delante de nosotros.

Un premio para un club y para la comunidad que ha construido

El nombre del galardón que recibirá Quijote Rugby Club reúne dos conceptos que su trayectoria permite relacionar con claridad: deporte inclusivo y transformación social.

El primero se observa en Los Hidalgos, en el Rugby Fusión, en el rugby en silla de ruedas y en los programas que el club mantiene con personas con discapacidad intelectual y física. El segundo aparece en las relaciones que se construyen alrededor de esas experiencias y en la posibilidad de que el deporte modifique la manera en que una comunidad comprende quién puede participar en ella.

Los campeonatos forman parte de la historia del Quijote. También sus jugadores que han llegado a categorías superiores, sus encuentros internacionales y el crecimiento deportivo experimentado desde 2007. Pero el reconocimiento que recibirá en Madrid dirige la mirada hacia la decisión sostenida durante años de ampliar el terreno de juego.

El próximo 25 de septiembre, cuando un representante del Quijote Rugby Club reciba el Premio al Valor del Deporte Inclusivo y la Transformación Social, no estará subiendo al escenario únicamente en nombre de una entidad deportiva de Toledo. Lo hará en representación de una comunidad que lleva años demostrando, entrenamiento tras entrenamiento, que la inclusión adquiere un significado distinto cuando deja de ser una declaración de intenciones y pasa a formar parte de la vida cotidiana.

Quizá sea ahí donde el nombre elegido hace casi veinte años adquiere también una resonancia inesperada. En la tierra de Don Quijote, un club que tomó prestado su nombre decidió perseguir una idea que podía parecer difícil: que el rugby pudiera ofrecer un lugar a personas con edades, capacidades y circunstancias muy diferentes. El tiempo convirtió aquella aspiración en equipos, entrenamientos, campeonatos y una comunidad.

Y será esa obra colectiva, más que una sola victoria o un solo nombre, la que Madrid reconocerá en la Cumbre Mundial de los Valores Universales.