La primera jornada de la Cumbre impulsada por el Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani reunió este jueves en Madrid a referentes del deporte, la universidad, la comunicación, la empresa, la medicina y la gastronomía. Durante más de tres horas, el debate recorrió el legado del Emir Abd al-Qadir, la responsabilidad de los deportistas, los desafíos de la inteligencia artificial, la inclusión, la ética empresarial, la salud y la prevención.
Por Federico Dalmaud | Les Valeurs du Monde Unis
Madrid, 24 de septiembre de 2026. – La mañana había comenzado hablando de deporte y terminó hablando de algo bastante más amplio: de la manera en que las personas se comportan cuando tienen enfrente a alguien diferente, cuando pierden, cuando ejercen poder, cuando una decisión deja de ser conveniente o cuando la vida de otro depende de que alguien haya pensado antes en protegerla.
Durante más de tres horas, la sede del Comité Olímpico Español acogió este jueves la primera jornada de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, promovida por Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, presidente de Les Valeurs du Monde Unis. Por el escenario pasaron representantes del deporte, la universidad, la comunicación, la empresa, la medicina, la gastronomía y las instituciones. Las conversaciones estaban organizadas en mesas diferentes, pero a medida que avanzó la mañana comenzaron a responder, casi sin proponérselo, a una misma pregunta: qué ocurre con los valores cuando dejan de ser una declaración y tienen que convertirse en conducta.
El periodista Roberto Gómez fue el encargado de conducir una jornada que comenzó con la intervención del director de MARCA, Juan Ignacio Gallardo. Y fue precisamente Gallardo quien introdujo la primera discusión de fondo.
Estamos acostumbrados, dijo, a hablar de los “valores del deporte”. Él planteó otra cosa. El deporte, como entidad abstracta, no posee valores de manera automática. “Quien tiene los valores o no los tiene son los deportistas”, sostuvo. La observación podía parecer semántica, pero terminó acompañando buena parte de lo que vino después: si trasladamos la responsabilidad desde una idea genérica hacia las personas, ya no basta con invocar el deporte como escuela de comportamiento. Son quienes lo practican, quienes lo dirigen y quienes lo cuentan los que deben demostrarlo.
Gallardo extendió esa exigencia a su propio oficio. Habló de la responsabilidad de los periodistas como transmisores de información veraz, objetiva y honesta, y de la necesidad de evitar rivalidades insanas y de defender la deportividad tanto en la victoria como en la derrota. En ese punto miró hacia uno de los asistentes y puso nombre a la idea: Vicente del Bosque, presente en la sala, como ejemplo de una manera de conducirse que no cambia según el resultado.
La intervención dejó instalada una pregunta que reaparecería, con distintos acentos, durante toda la mañana.

Juan Ignacio Gallardo, director de MARCA, durante su intervención inaugural en la Cumbre Mundial de los Valores Universales, celebrada en la sede del Comité Olímpico Español en Madrid.
De Abd al-Qadir al presente
La primera mesa estaba dedicada al humanismo, la conciencia y la concordia a partir de las lecciones de la Historia. Participaron Carlos Echeverría Jesús, profesor de Relaciones Internacionales de la UNED; Bouziane Ahmed Khodja, presentador y director de Medina en TVE; Jacobo Beltrán Pedreira, experto en Derecho Deportivo y miembro del Comité de Control Financiero de Clubes de la UEFA; y la doctora Elena Isla Paredes, que más tarde volvería a intervenir desde su experiencia en medicina deportiva.
La figura del Emir Abd al-Qadir al-Jaza’iri fue el gran punto de partida histórico. Carlos Echeverría reconstruyó la trayectoria del dirigente argelino, su formación intelectual, su dimensión política y militar y, especialmente, el episodio de Damasco de 1860, cuando intervino para proteger a cristianos amenazados por la violencia. Recordó también el reconocimiento internacional que recibió posteriormente, incluida la Gran Cruz de Isabel la Católica concedida por la reina Isabel II.
Más que una evocación histórica, su intervención planteó una cuestión de plena actualidad: la posibilidad de reconocer la dignidad del otro sin necesidad de borrar las diferencias que existen entre ambos. Echeverría situó además la figura de Abd al-Qadir como una referencia capaz de contribuir a fortalecer los vínculos entre España y Argelia.
Bouziane Ahmed Khodja recogió esa reflexión y la llevó desde la historia a la vida cotidiana. Los valores, señaló, no están en los títulos ni en las instituciones por el mero hecho de existir, sino “en nuestra forma de ser, en nuestra forma de estar, en nuestra forma de hacer las cosas”. Habló de convivencia religiosa y cultural, de la experiencia de la televisión pública española y de una sociedad formada por ciudadanos con creencias, procedencias e identidades diferentes.
En un momento especialmente significativo, se detuvo incluso en las palabras que utilizamos para nombrar a quienes cruzan fronteras. Señaló que solemos llamar “expatriados” a unos y “migrantes” a otros, según su procedencia, y planteó la necesidad de revisar también esas pequeñas jerarquías del lenguaje. Su conclusión fue sencilla: antes de cualquier nacionalidad, religión o identidad, “el ser humano” debe permanecer como referencia.
Desde el ámbito deportivo, Jacobo Beltrán aportó otra imagen poderosa. Un niño que juega en Australia y otro que juega en Europa pueden practicar un mismo deporte bajo idénticas reglas. Esa arquitectura común, explicó, convierte al deporte en uno de los grandes espacios internacionales de relación. Detrás de gestos que vemos constantemente —dar la mano al adversario, intercambiar una camiseta o competir dentro de normas compartidas— existe una cultura de reconocimiento del otro.
Beltrán habló también del trabajo desarrollado por organismos como UEFA y FIFA en ámbitos vinculados con la solidaridad, la sostenibilidad y los derechos humanos. Y dejó otra de las paradojas contemporáneas de la jornada: vivimos hiperconectados por la tecnología, pero al mismo tiempo cada vez más segmentados. El deporte, planteó, puede seguir ofreciendo lugares en los que personas muy diferentes se reconocen dentro de un mismo marco.
La doctora Elena Isla Paredes llevó aquella reflexión hasta un escenario mucho más íntimo: el momento en que un joven deportista se lesiona.
Coordinadora de los Servicios Médicos de la Cantera de Fútbol del Real Madrid C.F. y responsable de los Servicios Médicos de la Federación Española de Baloncesto, Isla recordó que muchos jóvenes dejan su ciudad, su familia y sus amigos para perseguir una carrera deportiva. Cuando llega una lesión, no se detiene únicamente una actividad física. En muchos casos se detiene, durante un tiempo, el centro mismo de su proyecto de vida.
Por eso habló de medicina, pero también de empatía y acompañamiento. De médicos que deben saber escuchar. De jóvenes que necesitan aprender a esperar su momento. Del ego, de la frustración, de la convivencia y del valor del equipo. Formar deportistas, vino a decir, significa también formar personas.

Primera mesa de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, dedicada a “Humanismo, conciencia y concordia: lecciones de la Historia”, con Carlos Echeverría Jesús, Bouziane Ahmed Khodja, Elena Isla Paredes y Jacobo Beltrán Pedreira, moderada por Roberto Gómez, en la sede del Comité Olímpico Español.
No muy lejos de allí escuchaba Vicente del Bosque. Cuando tomó la palabra, resumió décadas de vestuarios en una frase: “Un vestuario es una universidad.”
Del Bosque habló de exigencia, de convivencia y de la singularidad de un espacio en el que conviven quienes juegan, quienes esperan en el banquillo, quienes ganan y quienes pierden. Compartió además una experiencia personal vinculada al deporte y la discapacidad para reivindicar que el deporte debe ser un espacio de pertenencia para todos. La imagen que utilizó era difícil de mejorar: durante el partido se compite; al terminar, los rivales pueden abrazarse.

Vicente del Bosque durante una de sus intervenciones en la Cumbre Mundial de los Valores Universales, celebrada en la sede del Comité Olímpico Español, donde reivindicó el deporte como espacio de convivencia, formación y respeto al adversario.
La inteligencia artificial entra en la conversación
La segunda mesa, dedicada a los valores institucionales, el liderazgo ético y la buena gobernanza, reunió a Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul; Virginia Ródenas Parra, directora de Comunicación, Relaciones Institucionales y RSC de Grupo Envera; y Heber Martínez, abogado, profesor universitario y especialista en regulación y políticas de comunicación.
Fue allí donde la conversación dio un salto desde la Historia hasta uno de los grandes asuntos del presente.
Virginia Ródenas habló de un mundo en el que industrias enteras están cambiando en meses y no en años. “Lo estamos viendo con la evolución de la IA”, señaló. La humanidad puede conectarse instantáneamente de un extremo al otro del planeta, explorar el espacio y desarrollar tecnologías cada vez más sofisticadas. Sin embargo, todavía no ha conseguido que todas las personas participen en igualdad de condiciones.
La contradicción puso sobre la mesa una pregunta que no necesitó formularse explícitamente: ¿qué significa realmente progresar?
Ródenas utilizó su experiencia en Grupo Envera para hablar de las personas con discapacidad. Recordó que la discapacidad “no es algo que les pasa a otros” y cuestionó una determinada manera de entender la solidaridad. “Solidaridad no es ayudar a otro. Es mirarle a los ojos, no mirarle de arriba abajo”, afirmó.
Su planteamiento fue más allá de la asistencia. Ayudar puede seguir dejando intacta una relación desigual. El reto, explicó, consiste en confiar, incorporar talento y reconocer el derecho de cada persona a elegir su propio destino. “Los valores nos dicen el mundo que queremos”, concluyó. “Pero la solidaridad nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo para construirlo.”
Eduardo Olier introdujo una mirada diferente desde la economía. Recordó que valor y precio no significan lo mismo y recuperó la tradición aristotélica de las virtudes para hablar de ética. Ganar, explicó, no es la única medida del mérito deportivo. El esfuerzo para llegar a una competición, levantarse después de una caída o detenerse para ayudar a otro también forman parte de aquello que merece ser reconocido.
La reflexión continuó con Heber Martínez, que trasladó el debate a la empresa. Su intervención puso el foco sobre una cuestión particularmente incómoda: qué sucede con los valores corporativos cuando respetarlos deja de coincidir con la solución más conveniente.
Las compañías hablan de misión, visión, sostenibilidad y responsabilidad social. Martínez planteó que el verdadero liderazgo ético aparece precisamente cuando existe un coste asociado a mantener esos principios. Desde su experiencia empresarial habló también del riesgo de reducir a las personas a cifras dentro de organizaciones de gran tamaño y de la necesidad de preservar una mirada humana sobre la gestión. La reputación, en ese sentido, no se construye únicamente con aquello que una empresa declara, sino con las decisiones que adopta cuando sus valores son puestos a prueba.

Segunda mesa de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, dedicada a “Valores institucionales, liderazgo ético y buena gobernanza”, con Eduardo Olier, Virginia Ródenas Parra y Heber Martínez, bajo la moderación de Roberto Gómez, en la sede del Comité Olímpico Español.
Cuando la conversación llega a la vida
La última mesa de la mañana llevó esa misma reflexión hasta un territorio especialmente tangible: la salud y la protección de la vida.
Participaron Elena Isla Paredes; Ana Herrero de Hoyos, fisioterapeuta, profesora de Salud Pública y Fisioterapia Comunitaria en la Universidad Nebrija y presidenta de la Comisión de Neurología del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid; Rafael Ansón Oliart, presidente de la Academia Iberoamericana de Gastronomía y presidente de honor de la Real Academia de Gastronomía; y Óscar Saorín Guajardo, CEO de Caryosa Hygienic Solutions.
La composición del panel permitía mirar el cuidado desde lugares muy diferentes: medicina deportiva, fisioterapia y salud pública, gastronomía, higiene y prevención.
La presencia de Rafael Ansón, una de las figuras de referencia de la gastronomía española e iberoamericana, añadió a la conversación una dimensión que iba más allá de la cocina entendida como cultura o placer. Alimentación, bienestar y salud aparecieron dentro de una misma conversación sobre la responsabilidad de cuidar.
En ese contexto surgió una de las preguntas más concretas de toda la jornada. Se habló de los numerosos sistemas de prevención contra incendios que existen obligatoriamente en edificios y restaurantes y se contrapuso esa realidad con la ausencia todavía frecuente de desfibriladores en espacios de gran concurrencia. ¿Por qué una sociedad puede haber incorporado con tanta naturalidad determinadas medidas preventivas y no otras capaces también de salvar una vida?
La pregunta encajaba perfectamente con el recorrido de la mañana. Los valores universales podían parecer, al comienzo, una conversación abstracta. Pero a esa altura del encuentro ya habían pasado por el cuerpo de un deportista lesionado, por las oportunidades de una persona con discapacidad, por una decisión empresarial y por la posibilidad de que alguien sobreviva a una emergencia porque otra persona se preparó antes para ella.
Ana Herrero de Hoyos, Elena Isla Paredes, Rafael Ansón y Óscar Saorín Guajardo completaron así una mesa en la que prevención, alimentación, salud pública y cuidado se incorporaron a una misma mirada sobre el valor de la vida. El debate regresó también a la responsabilidad de quienes se convierten en referentes públicos, especialmente los deportistas, y a principios como la humildad, la generosidad y el respeto al adversario.

Tercera mesa de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, dedicada a “El valor de la salud y de la vida: deporte, prevención y humanidad al servicio de los demás”, con Elena Isla Paredes, Ana Herrero de Hoyos, Rafael Ansón Oliart y Óscar Saorín Guajardo, junto al moderador Roberto Gómez, en la sede del Comité Olímpico Español.
Una mañana que terminó donde había empezado
A las distintas voces del escenario se sumó durante toda la jornada la presencia de jóvenes deportistas, interpelados varias veces por los ponentes y convertidos, de alguna manera, en recordatorio de aquello de lo que se estaba hablando. Esfuerzo, igualdad de oportunidades, pertenencia y superación dejaban de ser palabras cuando quienes las viven cotidianamente estaban sentados a pocos metros.
La clausura correspondió a Estefanía Rey Sánchez, directora de Comunicación del Comité Olímpico Español, quien transmitió también el mensaje del presidente del COE, Alejandro Blanco. Blanco se encontraba en Tokio por compromisos institucionales, pero había seguido la jornada desde la distancia y recibido fotografías de las diferentes mesas.
Rey recuperó entonces aquella pregunta con la que Gallardo había abierto la mañana: si debemos hablar de los valores del deporte o, más bien, de los valores de quienes lo practican.
Después de tres horas de conversaciones, la cuestión tenía ya muchas más capas. Se había hablado de Abd al-Qadir y de la capacidad de proteger a quien pertenece a otra comunidad. De jóvenes que esperan una oportunidad en un equipo. De inteligencia artificial y desigualdad. De discapacidad y autonomía. De ética empresarial. De gastronomía y prevención. De periodistas, médicos, profesores, directivos y deportistas.
Rey volvió entonces a la figura de Abd al-Qadir para recordar que es sencillo hablar de respeto cuando nadie nos contradice y fácil practicar la tolerancia entre quienes piensan de manera semejante. La verdadera dificultad aparece cuando surge el conflicto.
Fue allí donde dejó una de las frases que mejor resumieron la jornada: “Es donde un valor deja de ser una palabra y se convierte en una decisión.”
Luego miró hacia los jóvenes deportistas. Detrás de conceptos como esfuerzo, superación o igualdad de oportunidades, señaló, hay entrenamientos, caídas, frustraciones, ilusión y ganas de pertenecer. Los valores, de pronto, tenían rostro.

Estefanía Rey Sánchez, directora de Comunicación del Comité Olímpico Español, durante la clausura institucional de la Cumbre Mundial de los Valores Universales, junto a Roberto Gómez, conductor y presentador de la jornada.
La mañana terminó regresando al deporte. Un deportista convive con la presión, la victoria y la derrota. Compite para ganar. Tiene enfrente a alguien que quiere exactamente lo contrario. Y, sin embargo, esa persona continúa siendo un rival, no un enemigo.
Esa diferencia mínima terminó explicando buena parte de lo sucedido durante la primera jornada de la Cumbre. El deporte, se recordó en el cierre, quizá no posea valores por definición. Pero sí puede seguir siendo uno de los mejores lugares para aprenderlos.
La fotografía de familia cerró la mañana en el Comité Olímpico Español. En ella quedaron reunidos el Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, Juan Ignacio Gallardo, Carlos Echeverría Jesús, Bouziane Ahmed Khodja, Jacobo Beltrán Pedreira, Elena Isla Paredes, Eduardo Olier, Virginia Ródenas Parra, Heber Martínez, Ana Herrero de Hoyos, Rafael Ansón Oliart, Óscar Saorín Guajardo y Estefanía Rey Sánchez, junto a Roberto Gómez, Vicente del Bosque, jóvenes deportistas y otros asistentes a una jornada respaldada institucionalmente por el Comité Olímpico Español.
La jornada contó también con la presencia de S.A.S. la Princesa Nora de Liechtenstein, estrechamente vinculada al mundo del deporte y al movimiento olímpico, así como del presidente de Quijote Rugby, sumando nuevas voces del ámbito deportivo a una convocatoria en la que la inclusión, la convivencia y la capacidad del deporte para transmitir valores ocuparon un lugar central.
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