El seleccionador que condujo a España al título mundial de 2010 y a la Eurocopa de 2012 será distinguido con el Award for Fair Play and Human Leadership in Sport. Les Valeurs du Monde Unis reconocerá su trayectoria y su dimensión humana durante la cena de gala del 25 de septiembre, en el marco de los encuentros dedicados a los valores universales y la Concordia Humanista.
Por Federico Dalmaud | Les Valeurs du Monde Unis
Madrid, septiembre de 2026. — En la memoria del fútbol español, Vicente del Bosque ocupa un lugar asociado a algunas de sus mayores alegrías colectivas. Su figura permanece también vinculada a una manera de ejercer la responsabilidad, con serenidad ante la presión, consideración hacia los demás y una comprensión del equipo en la que cada persona tiene algo que aportar.
Esa dimensión humana centrará el reconocimiento que Les Valeurs du Monde Unis le dedicará el próximo 25 de septiembre en Madrid. El exseleccionador nacional será distinguido con el Award for Fair Play and Human Leadership in Sport, Premio al Juego Limpio y al Liderazgo Humano en el Deporte, dentro de la cena de gala y ceremonia internacional de reconocimientos de la Cumbre Mundial de los Valores Universales.
La distinción pone en valor una trayectoria que permite hablar de la excelencia deportiva a través de las relaciones que la hacen posible. En Del Bosque, la capacidad de conducir al éxito a equipos de extraordinario talento convive con una presencia pública reconocible por su mesura. Su ejemplo ofrece una referencia especialmente pertinente para una convocatoria que se pregunta cómo deben ejercerse el liderazgo y la influencia sobre los demás.
La grandeza de construir un equipo
Con Del Bosque al frente, España conquistó el Mundial de Sudáfrica de 2010 y la Eurocopa de 2012. Antes había dirigido al Real Madrid hacia dos títulos de la Liga de Campeones, en 2000 y 2002. Su palmarés reúne así las mayores conquistas del fútbol europeo de clubes y de selecciones, junto al máximo título mundial. La FIFA lo distinguió como mejor entrenador del año 2012.
Son logros que permiten medir la magnitud de su carrera. Comprender su liderazgo exige detenerse, además, en lo que significa hacer que futbolistas con personalidades, procedencias y responsabilidades distintas trabajen alrededor de un propósito compartido.
Una selección reúne a jugadores que durante buena parte de la temporada compiten entre sí. El entrenador debe construir confianza entre ellos, distribuir responsabilidades y sostener la cohesión cuando llegan las decisiones difíciles. La calidad individual necesita encontrar una forma de convivencia que permita convertirse en rendimiento colectivo.
La trayectoria de Del Bosque invita a valorar esa tarea, menos visible que una final y decisiva para llegar a ella. Su manera de dirigir permite reconocer la autoridad que se construye mediante la experiencia, la coherencia y el trato cotidiano. Una autoridad capaz de exigir y, al mismo tiempo, preservar el respeto de quienes forman parte del equipo.
Ahí encuentra su sentido el componente de liderazgo humano del galardón. Quien conduce a otros asume también una responsabilidad sobre el entorno en el que esos otros deben crecer, contribuir y afrontar sus dificultades.
El juego limpio como responsabilidad pública
El premio incorpora una segunda dimensión inseparable de la anterior. El juego limpio establece una relación entre la ambición de ganar y el respeto por las condiciones que hacen legítima la competición.
En el deporte de máxima exposición, esa responsabilidad se proyecta mucho más allá del terreno de juego. Entrenadores y jugadores ofrecen referencias de comportamiento a miles de jóvenes que observan cómo celebran, cómo discrepan y cómo responden cuando un resultado les es adverso. Cada gesto contribuye a formar una idea de lo que significa competir.
La figura de Vicente del Bosque resulta valiosa en ese espacio educativo. Su trayectoria permite defender una concepción del deporte en la que la preparación y la exigencia conviven con la consideración hacia el rival y el reconocimiento del trabajo compartido.
Para Les Valeurs du Monde Unis, distinguir esa forma de liderazgo supone otorgar relevancia pública a una cuestión esencial. Los resultados adquieren una dimensión más duradera cuando el camino hacia ellos deja también un ejemplo que otros pueden seguir.
Una sensibilidad que amplía el significado del deporte
La dimensión social de Del Bosque encuentra asimismo expresión en las iniciativas educativas y solidarias vinculadas a su nombre. La Vicente del Bosque Football Academy recoge entre sus actividades la colaboración en proyectos a favor de personas con síndrome de Down y la concesión de becas deportivas para familias en situaciones de vulnerabilidad.
Estas actuaciones aportan un fundamento concreto al reconocimiento. El deporte cumple una función social cuando permite participar, crear vínculos y desarrollar capacidades a personas que encuentran barreras para acceder a esas oportunidades.
Desde esa perspectiva, la excelencia de un proyecto deportivo también puede apreciarse en su capacidad para acoger. La pertenencia a un equipo, la confianza adquirida mediante el aprendizaje y la experiencia de contribuir a un objetivo común tienen valor en cualquier etapa de la vida.
El premio a Del Bosque incorpora esa mirada sobre la persona. Su relevancia deportiva da proyección a una forma de entender la responsabilidad que alcanza a quienes están comenzando, a quienes necesitan apoyo y a quienes merecen encontrar su lugar.
La concordia desde el respeto al otro
Bajo la presidencia de Su Alteza Real el Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, la Cumbre Mundial de los Valores Universales reunirá en Madrid trayectorias procedentes de distintos ámbitos para reflexionar sobre el servicio, la cooperación y la dignidad humana.
Una de las referencias históricas de la convocatoria será el legado del Emir Abd al-Qadir al-Jaza’iri, cuya protección de cristianos amenazados durante los acontecimientos de Damasco de 1860 constituye un episodio central de la reflexión sobre la Concordia Humanista promovida por la organización.
La aportación del deporte a esa conversación tiene un lenguaje propio. Consiste en aprender a reconocer al otro dentro de una experiencia compartida, aceptar reglas comunes y comprender que la diferencia puede formar parte de una relación de respeto.
El reconocimiento a Vicente del Bosque sitúa esos principios en un ámbito cercano a millones de personas. Su trayectoria permite explicar cómo la convivencia se construye también en un vestuario, en un entrenamiento o en la manera de acompañar a quien atraviesa un momento difícil.
Dos jornadas en Madrid y un reconocimiento al ejemplo
El 24 de septiembre de 2026, la sede del Comité Olímpico Español acogerá la Cumbre Mundial de los Valores Universales, con una programación dedicada al liderazgo, la cooperación y la responsabilidad desde diferentes perspectivas institucionales y sociales.
El 25 de septiembre, la cena de gala y ceremonia internacional de reconocimientos dará continuidad a esos encuentros en el marco de la jornada dedicada a la declaración del Día Internacional de la Concordia Humanista, impulsada por Les Valeurs du Monde Unis.
Vicente del Bosque será distinguido en ese contexto con el Premio al Juego Limpio y al Liderazgo Humano en el Deporte. Su nombre aportará a la convocatoria la experiencia de quien ha conocido la máxima exigencia competitiva y ha conservado una manera de estar que concede importancia a las personas.
El fútbol español guarda sus victorias en la memoria. Este reconocimiento pondrá el acento en aquello que su ejemplo puede seguir enseñando a las próximas generaciones, cuando les corresponda dirigir, competir y asumir responsabilidades sobre los demás.
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